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Para el Dr. Aníbal Rueda

Palabras de la rectora Jessy Divo de Romero en el acto del Doctorado Honoris Causa

Él, quien motiva nuestra alegría institucional en medio de esta crisis agobiante que se debate con nuestra vocación de no desfallecer, es precisamente el exponente que presentamos a nuestras generaciones como ejemplo a seguir

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La rectora Jessy Divo de Romero exaltó la amplia trayectoria del académico
Fotógrafo: Carlos Andrés Pérez
 

En esta mañana jubilosa retornamos a esta casona, testigo de la historia, de la vida misma de todos nosotros. Se funden en un mismo sentimiento los méritos y la admiración por quien ahora hacemos protagonista de esta nueva página llena de su impronta.

 

Hablar del Rector Aníbal José Rueda, es evocar un siglo XX lleno de luchas, de pasión, pero sobretodo de dignidad, de trabajo honesto, de apuesta por la Educación: Su paso por la vida está marcado por una enorme preocupación por los demás, iluminando los rincones, venciendo las tempestades.

 

Desde muy joven, supo entender que en la educación reside la clave liberadora del hombre, bien afirmó Kant que con la educación nos hacemos más hombres, conocer la temporalidad para alcanzar la libertad es el reto recurrente, el tema ineludible para el ser.

 

Él, quien  motiva nuestra alegría institucional en medio de esta crisis agobiante que se debate con nuestra vocación de no desfallecer, es precisamente el exponente que presentamos a nuestras generaciones como ejemplo a seguir.

 

En estos  tiempos llenos de incertidumbre que nos ha tocado vivir, la ciudadanía, como un todo, voltea la vista hacia la Universidad, buscando respuestas que permitan cierta luz ante tantos desafueros, porque estamos frente a  un Gobierno cuyos intereses distan del interés general de propugnar la tolerancia, la virtud y la ciencia, y por lo tanto, cercena la esencia de la libertad para crear, para sanar, para nutrir a la sociedad.

 

Sin Universidad perece la Nación, pues la responsabilidad del futuro emana de sus aulas y laboratorios. Sin Universidad, la sociedad se aparta del progreso, de la calidad de vida. Sin Universidad, la justicia se aleja del estrado.

 

Son tiempos difíciles; pero hemos sido testigos que nuestra Universidad ha dado lo mejor de sí en la construcción de la democracia del país, y ahora, como nunca antes en nuestra historia, le corresponde desempeñar un papel trascendental,mantener las normas de tolerancia y apertura, el sentido de pertenencia y defender, con tesón, tanto su libertad académica como su autonomía.

 

Por ello, reconocer, hoy, al ciudadano, al maestro de escuela, al docente, al magistrado, al gobernador, al padre, al Rector Aníbal José Rueda es colocar en este momento de tragedia nacional a un ícono, a un representante del país que se niega a sucumbir.

 

A sus 83 años este valenciano, continúa recorriendo los caminos, haciéndose dueño de cada palmo, evocando los momentos y la gente, tanta, que ahora se encuentra en este claustro a su alrededor, el de mayor antigüedad entre nosotros como testimonio de su siembra.

 

La humildad y la humanidad en Él, se encuentran para brindarnos la caballerosidad y el compromiso que aún se hace palabra en todos los momentos de su Universidad, en los de gloria y en los aciagos.

Es por ello que la Asamblea de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, por la unanimidad de sus miembros, en el marco de los sesenta años de la Reapertura Universitaria, consideró otorgar el Doctorado Honoris Causa al jurisconsulto, al hombre de leyes, al hombre de aula. Su obra escrita plasmada en el libro y en la sentencia como criterio sostenido, coherente con las instituciones y apegado a la lógica y al alma inspiradora de la interpretación jurídica, la palabra y la presencia del amigo, el amor del Padre, se juntan en oblación para afirmar, como Unamuno, que solamente dejan huellas los que pisan con el corazón!.

 

Al inaugurar esta cita importante de la Academia, como Rectora de esta Universidad que jamás se rendirá, permítanme expresar la satisfacción de esta comunidad reunida en acto solemne para, no sólo imponer medalla, sino brindar los laureles a un carabobeño singular, conciencia viva de la razón, patrimonio moral de los ucistas, en donde ha residido la evidente sindéresis para gobernar, para servir a la perfección humana y alcanzarla de acuerdo a su esfuerzo.

 

Dios nos permita continuar teniendo su presencia entre nosotros por mucho tiempo, ¡Maestro!

 

 

 

 

Fecha: 22/JUN/2018