Tiempo Universitario

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El horror y una heroína

Crónica del ataque de cuerpos de seguridad ocurrido hace un año en la UC

Todos, con el corazón arrugado, nos tocaba alentar al herido pero salir a convocar una noche larga, triste y llena de impotencia, la misma que hoy, un año después es impunidad para los culpables

David Rutman

Tiempo Universitario
Estudiantes y transúentes resultados heridos en este lamentable episodio para la UC
Fotógrafo: Archivo
 

El día 5 de abril de 2017 había amanecido enrarecido, un halo de confusión, un trepidante camino se iniciaría para Carabobo y Venezuela. En la Universidad, decidimos suspender hacia el mediodía al observar movimientos de protesta popular por las cercanías del campus, por falta de gas, por escasez de alimentos...

 

Inicia la tarde y nos reunimos en el Despacho Rectoral los que pudimos llegar para hablar de las cosas propias del arranque del año fiscal en la Institución: Primera remesa de recursos, rutina, cuentas, problemas con la adquisición de papel, en fin, el quehacer de la gerencia mezclado con las cosas del país.      

 

Ya el reloj marcaba la finalización del encuentro y de la tarde, cuando los teléfonos y las redes comienzan a reventar el celofán informando de una protesta en la avenida Universidad y que los manifestantes ante la presencia de la Guardia Nacional y la Policía Estadal corren a refugiarse en las instalaciones de nuestra Facultad de Ingeniería. Al principio, increíble pensar en eso, pero las llamadas clamando, el desespero de todos los lugareños confundidos con nuestros estudiantes ante el allanamiento de efectivos en motos, de metralla, de bombas lacrimógenas, nos hace salir abruptamente.                                          

 

Los segundos y la confusión, las lágrimas, nos hace salir y partir hacia Bárbula, en el carro nos fuimos la Rectora Jessy Divo de Romero, José Corado, Tortolero, el chofer y yo. Tomamos la autopista, a alta velocidad, los kilómetros nos llevaban con desespero haciendo gestiones telefónicas, alentando a resistir a quienes se encontraban en los techos y jardines, huyendo del espanto de la bala o del rolo policial, las motos como jinetes apocalípticos o se llevaban a los muchachos o los dejaban heridos tirados en nuestros patios; la FCU fue blanco del proyectil a mansalva. ¿Qué pretendían hacer aquella tarde? El exceso brutal hacia gente en chancletas y muchachos hasta menores de edad algunos, sin entrenamiento físico, desarmados, con hambre.

 

 El relato en la camioneta es temeroso y confuso, quienes íbamos a bordo tampoco éramos acorazados, los académicos también somos descamisados. Los jefes negaban la especie, mientras los estudiantes nos pasaban "notas de voz" con tiros y gritos.  

 

Cada uno pensaba en los suyos, en la tragedia... Accedimos por el Distribuidor Girardot y cruzamos hacia el estacionamiento de estudiantes de Ingeniería; una voz potente dijo frente a la puerta: Abran soy Jessy Divo, Rectora de la Universidad, no abrieron y se bajó, en eso cae la llamada a un superior de la GNB en Caracas, le explica la situación desde mi móvil y le dice: General, que cese este allanamiento, me regreso a la puerta de la Av. Universidad a parar esta masacre! Tortolero, emprenda camino y pasemos las barricadas...!        

 

A los hombres que íbamos en la camioneta, no nos quedó otra que "apretarnos los machos" y seguir. Yo iba de copiloto, me tocó a contraflecha ayudar al conductor y entrar a la Facultad: Se bajó como una Juana de Arco, acorazada, esta vez a llorar junto a los estudiantes. Recuerdo que José Corado casi se queda cuando dijo nos vamos a la clínica a ver a los muchachos heridos.  

 

Un hospital de guerra nos encontramos, 37 hombres y mujeres jóvenes de esta Patria Universitaria, la sangre corría literalmente por la emergencia, allí el guáramo se convirtió en enfermera, tomando la mano, preguntando nombres, edades... Llegaron Pablo, José Luis, Marcano, Ginoid, Cochiarella, Ingrid, Benito, Ulises.

 

Todos, con el corazón arrugado, nos tocaba alentar al herido pero salir a convocar una noche larga, triste y llena de impotencia, la misma que hoy, un año después es impunidad para los culpables.                  

 

He querido dejar mi testimonio del espanto, del peor día para la Universidad de Carabobo. DIOS nos puso allí ante el dolor y la miseria de quienes detentan el Poder. Nadie como la Rectora, valiente y avanzadora, su figura fue proyectada por el sol y la hizo gigante como nadie... Acá quede la crónica para que jamás regrese el horror a nuestro campus y siempre recordemos que la lealtad y el honor tuvo su rostro de mujer!

El día 5 de abril de 2017 había amanecido enrarecido, un halo de confusión, un trepidante camino se iniciaría para Carabobo y Venezuela. En la Universidad, decidimos suspender hacia el mediodía al observar movimientos de protesta popular por las cercanías del campus, por falta de gas, por escasez de alimentos...

 

Inicia la tarde y nos reunimos en el Despacho Rectoral los que pudimos llegar para hablar de las cosas propias del arranque del año fiscal en la Institución: Primera remesa de recursos, rutina, cuentas, problemas con la adquisición de papel, en fin, el quehacer de la gerencia mezclado con las cosas del país.      

 

Ya el reloj marcaba la finalización del encuentro y de la tarde, cuando los teléfonos y las redes comienzan a reventar el celofán informando de una protesta en la avenida Universidad y que los manifestantes ante la presencia de la Guardia Nacional y la Policía Estadal corren a refugiarse en las instalaciones de nuestra Facultad de Ingeniería. Al principio, increíble pensar en eso, pero las llamadas clamando, el desespero de todos los lugareños confundidos con nuestros estudiantes ante el allanamiento de efectivos en motos, de metralla, de bombas lacrimógenas, nos hace salir abruptamente.                                          

 

Los segundos y la confusión, las lágrimas, nos hace salir y partir hacia Bárbula, en el carro nos fuimos la Rectora Jessy Divo de Romero, José Corado, Tortolero, el chofer y yo. Tomamos la autopista, a alta velocidad, los kilómetros nos llevaban con desespero haciendo gestiones telefónicas, alentando a resistir a quienes se encontraban en los techos y jardines, huyendo del espanto de la bala o del rolo policial, las motos como jinetes apocalípticos o se llevaban a los muchachos o los dejaban heridos tirados en nuestros patios; la FCU fue blanco del proyectil a mansalva. ¿Qué pretendían hacer aquella tarde? El exceso brutal hacia gente en chancletas y muchachos hasta menores de edad algunos, sin entrenamiento físico, desarmados, con hambre.

 

 El relato en la camioneta es temeroso y confuso, quienes íbamos a bordo tampoco éramos acorazados, los académicos también somos descamisados. Los jefes negaban la especie, mientras los estudiantes nos pasaban "notas de voz" con tiros y gritos.  

 

Cada uno pensaba en los suyos, en la tragedia... Accedimos por el Distribuidor Girardot y cruzamos hacia el estacionamiento de estudiantes de Ingeniería; una voz potente dijo frente a la puerta: Abran soy Jessy Divo, Rectora de la Universidad, no abrieron y se bajó, en eso cae la llamada a un superior de la GNB en Caracas, le explica la situación desde mi móvil y le dice: General, que cese este allanamiento, me regreso a la puerta de la Av. Universidad a parar esta masacre! Tortolero, emprenda camino y pasemos las barricadas...!        

 

A los hombres que íbamos en la camioneta, no nos quedó otra que "apretarnos los machos" y seguir. Yo iba de copiloto, me tocó a contraflecha ayudar al conductor y entrar a la Facultad: Se bajó como una Juana de Arco, acorazada, esta vez a llorar junto a los estudiantes. Recuerdo que José Corado casi se queda cuando dijo nos vamos a la clínica a ver a los muchachos heridos.  

 

Un hospital de guerra nos encontramos, 37 hombres y mujeres jóvenes de esta Patria Universitaria, la sangre corría literalmente por la emergencia, allí el guáramo se convirtió en enfermera, tomando la mano, preguntando nombres, edades... Llegaron Pablo, José Luis, Marcano, Ginoid, Cochiarella, Ingrid, Benito, Ulises.

 

Todos, con el corazón arrugado, nos tocaba alentar al herido pero salir a convocar una noche larga, triste y llena de impotencia, la misma que hoy, un año después es impunidad para los culpables.                  

 

He querido dejar mi testimonio del espanto, del peor día para la Universidad de Carabobo. DIOS nos puso allí ante el dolor y la miseria de quienes detentan el Poder. Nadie como la Rectora, valiente y avanzadora, su figura fue proyectada por el sol y la hizo gigante como nadie... Acá quede la crónica para que jamás regrese el horror a nuestro campus y siempre recordemos que la lealtad y el honor tuvo su rostro de mujer!

 

Fecha: 05/ABR/2018