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Discurso de la Rectora en el Teatro Municipal

Reapertura de la UC devolvió los bríos a la ciudad

Estas fueron las sentidas palabras de la rectora Divo de Romero, en el marco del 60° aniversario de la Reapertura de esta casa de estudios, donde aseguró que el hecho histórico "devolvió bríos a la ciudad, al Estado y a la Región, y se encumbró como centro de gravedad del saber, como propiciadora de otras Casas de Estudio"

Prensa UC

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La máxima autoridad Jessy Divo de Romero ratificó las libertades y el carácter de las universidades
Fotógrafo: Orlando Nader
 

Es el tiempo y la providencia, en esta mañana luminosa del 21 de marzo, sesenta años después, en el mismo lugar, bajo las 4 estaciones del plafón de Herrera Toro, en esta Valencia, testigo inmortal de la República, se salda la deuda que nos había arrebatado el sueño de Alejo Zuloaga...

 

Con el Decreto 100 de la Junta de Gobierno se enjugaban las lágrimas del Dr. Carlos Sanda, se premiaba la voluntad de Gregorio Adam y la palabra de Celis Pérez se hacía realidad…Nacía la democracia y la promesa de progreso.

 

La reapertura de la Universidad de Carabobo devolvió bríos a la ciudad, al Estado y a la Región, y se encumbró como centro de gravedad del saber, como propiciadora de otras Casas de Estudio. En el devenir de todos estos años, la institución se ha posicionado hasta alcanzar niveles de excelencia  fruto de la formación de su gente, de la conjugación de esfuerzo, valor y trabajo. Todos nuestros Rectores han sabido afrontar el temporal con las manos puestas en el timón, cada uno en las olas de las circunstancias, animando la marcha, velando porque la flama no se apague...

 

Desde el mítico Alejo Zuloaga, cada cual con sentido de grandeza, pensando en lo común y no en lo propio, ahora rescatamos y hacemos memoria, y en letras de oro, para afirmar con orgullo que la Universidad de Carabobo reabrió sus puertas para nunca más cerrarlas, porque es pilar y esencia de la vida de este pueblo.

 

Desde sus mismos inicios, la Universidad de Carabobo supo afrontar el natural dilema de lo viejo versus lo nuevo, desempeñándose con la misma orientación democrática de la Venezuela que, política, social, económica y culturalmente, se reacomodaba. Entendió que la incipiente democracia requería una academia muy distinta a la que había respirado con mucha dificultad el aire enrarecido de la dictadura abrupta y felizmente dejada atrás; y comprendió que ese renacer traía consigo los retos de todo tiempo nuevo, junto con el compromiso de corresponder plenamente a lo que la sociedad esperaba de ella. Como la ciencia de su tiempo lo venía demostrando, se aventuró hacia otros horizontes rompiendo paradigmas para contribuir al desarrollo del país con el emprendimiento del suyo propio.

 

 Es común decir que a las Instituciones las hacen las personas, no obstante, esa afirmación tiende a referirse a las personas en tiempo presente. Las Instituciones son mucho más que las personas en un determinado tiempo o época. Las Instituciones son su gente y su historia.

 

Todo universitario es en esencia testigo y vector del cambio, cada alumno, docente, trabajador y egresado en estos 60 años ha sido protagonista de la civilidad,  de un lugar ya no utópico sino real. A donde llega un universitario se siembra la esperanza y la fe, por ello, hoy, es día de acción de gracias.

 

Acá ocupan puesto de honor nuestras primeras promociones, fieles exponentes del ejemplo científico, humanístico, destacados hombres y mujeres que homenajeamos y resaltamos sus virtudes. Somos el presente y el futuro de la gerencia, la docencia, la investigación y la extensión para las cuales nos ha tocado la odisea homérica de aprender cada día en la lucha contra las adversidades.

 

En esta oportunidad,  hemos querido rendir un justo reconocimiento a los egresados de las promociones  de  los años 1966, 1967 y 1968, abogados, médicos, ingenieros, economistas, administradores, contadores, relacionistas industriales y educadores,  cuya contribución en el desarrollo de la ciudad  y del país ha sido de gran importancia en el orden académico, cultural, industrial, tecnológico, y de salud.

 

Ustedes, queridos amigos, han sido la digna carta de presentación de su Universidad y se han constituido en un puntal de prestigio, pues han sido los primeros responsables de expandir en la sociedad los saberes que impartimos, siendo su condición vitalicia, toda vez que la condición de egresado no se pierde jamás.

 

Es un honor tenerlos aquí, y de esta manera reconocerles que en gran parte el buen prestigio que tiene nuestra Alma Máter se debe a ustedes.

 

Imposible resulta obviar que  estamos  sometidos a las presiones de las adversas condiciones económicas y financieras del país, al infortunio de la descomposición social y al agobio de unas masas empobrecidas; a las presiones matriculares y al vértigo de los saberes; a la intromisión político-partidista; y a las imposiciones y chantaje  de un gobierno que se cree con derecho a condicionar, con descaro, no sólo las políticas educativas de nuestras instituciones, sino la vida misma del país, en razón de un proyecto que no es compartido por la gran mayoría de los venezolanos.

 

Pero aun así, antes como ahora, nuestra Universidad se mantiene firme. Enfrentando sus luchas con las armas de siempre: el fusil de la razón y el entendimiento, el cual, en lugar de estar cargado de mortíferas balas o de municiones ideológicas  -de las que realmente, estamos hasta la coronilla- viene con una cacerina repleta de propuestas consensuadas y  viables que representan las reales y sentidas necesidades sociales del país.

 

Pues en fin de cuentas, las armas que se requieren sin dilación son las que vengan cargadas de educación, salud y bienestar, y esas, este régimen no sabe dónde ni cómo conseguirlas.

 

La Educación Superior es demasiado importante para el futuro de nuestra Nación como para dejar la resolución de sus tensiones en manos del Gobierno.

 

Ya son más de tres lustros que la vida universitaria  ha tenido que soportar el asedio y los incesantes ataques de un régimen que no comprende, por su mismo desconocimiento de la vida universitaria, que si bien las universidades están al servicio del país, no tienen por qué estar al servicio de gobiernos que pretenden desviar los objetivos para los cuales fueron creadas.

 

En estos momentos no es suficiente abrir las puertas de la universidad a la comunidad, no basta con ofrecer lo que sabemos hacer, ni cómo hacer lo que nos demandan; hoy, la universidad debe hacer lo que es necesario. Es necesario salir y formar parte. El reto es escuchar, integrar aún más  la universidad con la sociedad e involucrarse para elaborar una respuesta útil y comprometida, no sólo con el futuro, sino con el presente.

 

Ahora, como nunca antes, es el momento de apoyar a nuestra UNIVERSIDAD, es tiempo de responderle para que siga adelante, es el momento del compromiso, a una sola voz, de estudiantes, docentes, empleados, obreros, egresados y toda la sociedad que conforma nuestro destrozado país. ES EL MOMENTO DE DEFENDER A NUESTRA UNIVERSIDAD, DE NO PERMITIR MÁS DESTRUCCIÓN DE SUS ESPACIOS, NO MÁS AGRESIONES, Y SOBRE TODO, VELAR POR QUE SE DEN LOS CONSENSOS NECESARIOS PARA CONSOLIDAR LA FUERZA DEL ÚLTIMO BASTIÓN DE LIBERTAD Y LUZ, DE ESE ESPACIO QUE SIEMPRE HA LOGRADO VENCER AL OSCURANTISMO.

 

Han transcurrido 60 años de la reapertura, en una cuenta afirmativa que ha servido para confirmar que para la Universidad de Carabobo el estudio es nuestro oficio; el conocimiento, nuestro objetivo, y la difusión de ese conocimiento, nuestro más caro empeño.

 

Ciertamente, aún queda mucho por hacer en diversas áreas críticas, sin dudas un arduo trabajo, sobre todo, a partir de los ataques que intentan desintegrar sus funciones universitarias, los acosos  burocráticos, la violencia y la inseguridad intra y extramuros que interfieren la paz académica; la escasez de recursos y la insuficiencia presupuestaria. Aspectos todos que atentan contra el deseo de la Universidad de involucrarse aún más en la realidad nacional, en la realidad de la gente, en la realidad del presente y del futuro cercano.

 

Coincidimos con quienes piensan que más importante que preocuparnos por la Universidaddel futuro es trabajar ahora por EL FUTURO DE LA UNIVERSIDAD. Tenemos la convicción de que se requiere una renovación del pensamiento, una expansión de la creatividad de quienes aquí convivimos para evitar el estancamiento, uno de los grandes riesgos institucionales, pues  cada vez es más difícil,  en medio de tantas carencias, mejorar el nivel de nuestros docentes y estudiantes, actualizarnos en ciencia y tecnología, acceder a la más alta especialización.

 

Aquellas palabras de Monseñor Adam, que entonces convocaron un sentimiento colectivo, las percibimos nuevamente como las hojas desprendidas de un viejo diario que retornan con buenas nuevas.

 

Otra vez, nos encontramos en la encrucijada de lucha por el rescate de la auténtica democracia, palabra secuestrada y vaciada de sentido por quienes definitivamente han resultado incompetentes para la gobernabilidad, pero muy  hábiles para la trampa, la mentira, la injusticia y la corrupción. 

 

Como bien lo expresó el Dr. Alfredo Celis Pérez en aquellos años iniciales: “La Universidad es la fragua donde se forja el alma de los pueblos Y UN PUEBLO NO PUEDE VIVIR SIN ALMA”. Los universitarios, junto a la  sociedad civil, transitamos ahora la noche más oscura del alma nacional, en medio de la pesadilla más atroz de toda nuestra historia republicana.

 

Y al decir  “transitamos”, enseguida la palabra reclama mayor atención y nos desplazamos de la noción primordial que el verbo conlleva para ubicarnos en su más alto significado, pues transitar es no solo pasar de un punto a otro, es sobre todo trascender. Y en este momento crítico y decisivo esto implica, indefectiblemente, atender el llamado a abolir los límites que impone esta trágica experiencia de gobierno e iniciar de nuevo el camino hacia nuestra perfectible democracia.

 

Emprender esta tarea nos resulta natural, pues en numerosos momentos de la historia los venezolanos hemos demostrado que estamos dotados del valor necesario para reconstruir la zona de desastre en que ciertos regímenes han convertido nuestro país. OTRA VEZ, DIBUJAREMOS EL MAPA QUE DESEAMOS: EL DE LAS LIBERTADES PLENAS, EL DE LA JUSTICIA Y EL EQUILIBRIO DE PODERES, EL DEL PROGRESO ECONÓMICO Y EL BIENESTAR SOCIAL.

 

Hoy más que nunca, la Universidad debe repercutir en la sociedad con un mayor alcance, diversificar su papel de alma máter del conocimiento y fijar una posición política como respuesta librepensadora y plural frente a un modelo caracterizado por el pensamiento único. Como a todas las instituciones que se resisten a  plegarse a los designios de los autoritarios, a las universidades se les impide que desempeñen cabalmente sus funciones, de manera que puedan brindar mejores y mayores aportes al crecimiento del país.

 

Hablamos con esta franqueza pues no es tiempo de ambigüedades sino de claridades. Ya lo dijo el padre Ugalde: “No es momento de matices ni de hablar con medias tintas. La voz que quiere ser escuchada es directa y clara, porque las opciones que enfrenta el país plantean un dilema entre la vida y la muerte”.

 

La crisis es de índole política, repercute en todo el Estado, y los venezolanos queremos que las instituciones retomen los cauces democráticos y sus valores esenciales; queremos que no se institucionalice la desesperanza, que no se pretenda perpetuar la anomia y la conculcación de las leyes; que las condiciones electorales no sean fijadas con ventajismo y en medio de flagrantes violaciones; que la fuerza y las armas no frenen las legítimas aspiraciones ciudadanas de cambio. 

 

Es tiempo de constituir, pero sobre la base de la reunión y la composición, juntando y colocando las piezas de la nación en un orden que nos sirva a todos. Se trata de la unión de esfuerzos que lleven a la solución de los problemas y para ello es necesario superar el egoísmo de individuos y facciones que se mueven en contrasentido de los grandes intereses colectivos.   

 

Celebramos la vida institucional con austeridad, con carencias, pero con la frente en alto, con la dignidad de 60 años plantados para no perder la República, para que los hijos de esta Venezuela puedan comer, estudiar, sin mendigar con un carnet, una bolsa de comida o un bono-dádiva. LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO NUNCA SE RENDIRÁ PORQUE ES LUZ DE UNA TIERRA INMORTAL, PORQUE LOS FAVORES NO COMPRAN A NUESTRA GENTE!    

                   

Al dejar instalada esta conmemoración del alma, en nombre de mis recuerdos y permítaseme la personal confidencia, este momento sea propicio para alentar la promesa de luchar por una Venezuela libre, tierra de gracia, cuna de una Universidad que no se rinde, verdadera Escuela de la Responsabilidad.

 

 

Fecha: 02/ABR/2018