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A 172 años de su natalicio

"Vuelta a la patria" y otras razones para evocar a Juan Antonio Pérez Bonalde

El autor de "El poema al Niágara" y "Flor", nació en Caracas un día como hoy en 1846. La intensidad de su poesía lírica lo hizo convertirse en el máximo exponente de este género en el país y uno de los precursores del modernismo

Daniela Chirinos

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Desde el punto de vista literario, Pérez Bonalde vivió en la plenitud del romanticismo.
Fotógrafo: Tomado de Wikipedia
 

Para Juan Antonio Pérez Bonalde ser un emigrante fue, en principio, una circunstancia familiar para huir de la Guerra Federal, y más tarde, una decisión personal para no declinar sus convicciones frente al caudillo Antonio Guzmán Blanco. El regreso a Venezuela tras varios períodos en el exilio y las tragedias de su vida, le desbordó su poesía lírica hasta convertirse en el máximo exponente de este género en el país y uno de los precursores del modernismo.

 

El hijo de Juan Antonio Pérez-Bonalde y de Gregoria Pereira Rubín, nació en Caracas, el 30 de enero de 1846, en medio de una Venezuela que comenzaba a transitar por una etapa de agitación republicana. Los Pérez-Bonalde eran de tradición y convicción liberal y civilista, por lo que se vieron forzados a abandonar el país y residenciarse en Puerto Rico, cuando el incipiente poeta tenía 15 años.


En esa isla, ayudó a su padre a regentar un plantel educativo y se dedica a aprender inglés, alemán, francés, italiano, portugués, griego y latín. Su fascinación por los idiomas decantó más adelante, en la traducción de las obras de Edgar Allan Poe y Heinrich Heine. Con el fin de la Guerra Federal (1864), la familia regresa a Venezuela. Ese mismo año, fallece don Juan Antonio y el joven poeta asume la responsabilidad de velar por los suyos.


Desde el punto de vista literario, Pérez Bonalde vivió en la plenitud del romanticismo, pero en América todavía no se manifestaba un autor que pudiera considerarse representante universal de este género, hasta que la obra poética del venezolano comenzó a ganar terreno, distinguiéndose por la extensión de sus poemas, estructurados en varias partes y las intensas emociones.


Este es el caso de Vuelta a la patria, uno de sus poemas más laureados. Se publicó en el libro Estrofas, en 1877. En la primera parte el autor deja fluir la felicidad que le embriaga por su segundo regreso al país. Son 180 versos en los que describe el paisaje que va apareciendo ante sus ojos mientras el barco en el que viaja, se acerca a las costas venezolanas; también trae a su memoria los recuerdos más placenteros de su infancia en Caracas.

 

Caracas, allí está; sus techos rojos,
su blanca torre, sus azules lomas
y sus bandas de tímidas palomas
hacen nublar de lágrimas mis ojos.
Caracas, allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
odalisca rendida
a los pies del sultán enamorado.

 

La segunda parte de Vuelta a la Patria, en cambio, está llena de dolor. En 131 versos, el autor dibuja la razón de su regreso a Venezuela y la tristeza que lo ahoga: su madre, doña Gregoria Pereira Rubín, falleció durante su ausencia. Especialistas indican que se trata de una elegía en la que Pérez Bonalde presenta los diferentes estados de ánimo que le invaden mientras se desahoga, reafirma el amor filial y anuncia su decisión de enfrentarse a la vida hasta que lo sorprenda la muerte.


Otra de sus más celebradas composiciones es El poema al Niágara, publicada en su segundo libro Ritmos, en 1880. Este poema es un canto a la naturaleza, dividido en cuatro partes, a saber: La lira y el arpa, El río, El torrente y Su-umbra. Estudiosos de este género aseguran que en este texto, el poeta va más allá de la descripción del paisaje, ya que imagina la presencia de un genio a quien interroga sobre los misterios de la vida y la muerte, pero no obtiene respuesta, solo escucha su propio eco.

 

¡Oh espectáculo inmenso! ¡oh sorprendente
panorama de horror y hermosura!
¡oh inenarrable escena peregrina
que a un tiempo el llanto y la sonrisa arranca!
Falta al pecho el aliento; la luz pura
falta a los ojos por exceso de ella,
y la sangre se estanca
y al corazón se agolpa y lo atropella…


En 1879, Pérez Bonalde se casa con Amanda Schoonmaker, madre de su hija Flor, a quien dedicaría otro de sus poemas más trascendentes. Se dice que el matrimonio no era especialmente feliz, pero él se centró en su hija. El infortunio volvió a tocar su puerta en 1883, con la muerte inesperada de la pequeña niña. Ese inmenso dolor lo describe el poema Flor -también dividido en dos partes- y en Gloria in Excelsis.


La salud de Juan Antonio Pérez Bonalde se resintió en 1888 cuando, producto de sus adicciones enferma gravemente. Al año siguiente, lo convocan para colaborar con el gobierno de Raimundo Andueza Palacios. Ese sería su último retorno a Venezuela. El 4 de octubre de 1892, falleció en La Guaira. En 1903, sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional.

Fecha: 30/ENE/2018