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A 128 años de su natalicio

José Rafael Pocaterra: memorias vigentes de un venezolano sobresaliente del siglo XX

Escritor, periodista, político, diplomático, incómodo a los regímenes de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez considerado como uno de los intelectuales más brillantes e influyente, nació en Valencia, un día como hoy en 1889

Daniela Chirinos

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De su obra literaria destacan "Memorias de un venezolano de la decadencia" y "De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús".
Fotógrafo: Tomada de acn.com
 

Fue José Rafael Pocaterra quien dijo: “Hay dos clases de venezolanos: Los que quieren vivir como sea y los que solo saben vivir como deben”. Ese hombre de letras, escritor, periodista, político, diplomático, incómodo a los regímenes de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, considerado en su época -y todavía- como uno de los intelectuales más brillantes e influyentes, nació un día como hoy en 1889, en Valencia – Venezuela.

 

El menor de los tres hijos del matrimonio de Jaime Demetrio Pocaterra y Mercedes MacPherson, no pudo escapar a la influencia de su linaje: Descendiente de funcionarios de la Legión Británica y del Ejército; republicano por el lado paterno y emparentado con Miguel de Unamuno por el lado materno. Tampoco fue indiferente a la ausencia de su padre –quien murió en 1890-, y la escasez que signaron su infancia en casa de sus abuelos.

 

La escolaridad la cumplió hasta el sexto grado en el Colegio Don Bosco, ubicado en la calle Colombia cruce con Anzoátegui del casco central de Valencia, a pocos metros de su casa natal, que todavía se conserva y en el que hoy funciona un museo que lleva su nombre. El resto de su formación fue autodidacta, alimentada por su pasión lectora.

 

Todo esto le sirvió de base para lo que le se propondría: Consagrar su vida a la escritura, la defensa de la libertad y los valores desde distintos ámbitos, y no solo a través de sus cuentos, relatos y novelas, sino también como articulista y colaborador de diarios como Caín, Patria y Unión, El Fonógrafo-            que publica junto a Eduardo Bustamante-, El Universal, El Nuevo Diario y El Heraldo de Cuba; así como las revista Caracteres -que fundó en 1917- y Actualidades.

 

Lo suyo era la antidictadura. Esa posición le hizo perder dos veces su libertad plena. Pocaterra estuvo preso en el régimen de Cipriano Castro y en el de Juan Vicente Gómez. Pero ni la cárcel detuvo su voluntad de dejar por escrito, a puño y letra, el testimonio de su época. La primera que fue aprehendido tenía 18 años de edad (1907), en ese tiempo cultivó el latín, griego e inglés, y se dedicó a leer y a redactar para el diario Caín.

 

A La Rotunda fue a parar en 1919. Le asignaron la celda 41, donde permaneció por tres años. Lo que vivió ahí -torturas y castigos -están reflejados en La casa de los Ábila, la primera parte de ésta la escribió estando en prisión en hojas de papel diminutas que enrollaba como cigarrillos para poder sacarlas de ese recinto.

 

También en Memorias de un venezolano de la decadencia, su más aplaudida novela por ser testimonios agudos de la represión, considerada por muchos como necesaria para los ciudadanos de estos tiempos, porque muestra la visión de un país rural y empobrecido producto de la dictadura.

 

Años más tarde, desbordó su emoción por los niños que viven en la calle, que tiene una infancia signada en la escasez y las ausencias –quizá como él-. El cuento De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús es un llamado expreso, urgente y vigente a la reflexión “a ti que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa”, mientras pequeños granujas nacidos “de cualquiera con cualquiera”, no tendrán cena ni hogar en navidad.

 

Como hombre público “pasará también la prueba de fuego de servir al Estado sin manchar su honradez”. Así lo aseguró Asdrúbal González en su artículo José Rafael Pocaterra: La pluma como espada. “Tuvo como norte el servicio a la Patria, sin desmedro de su condición de intelectual combativo. Su mejor ejemplo fue una modestia económica que lo signó para siempre, y no echar por la borda principio alguno. Murió erguido en dignidad y nobleza de espíritu”, sentenció el articulista.

 

Y se refería a su trayectoria como Secretario del Ministro Roberto Vargas, Intendente de Tierras Baldías en el Estado Zulia, Presidente de la Legislatura del mismo Estado, Senador por Carabobo y Presidente de la Cámara Alta, Ministro de Trabajo y Comunicaciones, Presidente del Estado Carabobo, Ministro Plenipotenciario en Inglaterra y Embajador en Moscú y Washington.

 

En lo personal era una persona muy firme y dura de carácter, tanto en lo familiar como en lo personal y lo político, pero al mismo tiempo, era un hombre icónico y “simpaticón”. Así  lo describió su nieto, Juan Carlos Pocaterra, el año pasado durante la inauguración de una exposición en su honor, instalada en la casa natal del laureado escritor. Ese día incluso leyó el poema inédito El romance del abuelo: “Porque la vida es la batalla de realizar su propia esencia, escucha bien a quien se calla y estarás oyendo a tu conciencia”, reza uno de los versos.

 

Un personaje trascendente dentro de su generación. Así fue José Rafael Pocaterra, quien antes de morir el 18 de abril de 1955, en Montreal (Canadá), regresó a su ciudad de origen, para ofrecer un discurso célebre, memorable, entrañable, a propósito del cuatricentenario de su fundación, convocado por los ediles de la época para que fungiera como orador de orden de aquella sesión del Concejo Municipal. Valencia, la de Venezuela leyó a todo y aquí parte de esa lección: “Trabaja y sueña, que soñar es bueno. Trabaja y piensa, que pensar consuela. No ames ni esperes lo que ya es ajeno, Madre eres tú: pariste Venezuela”.

 

 

Fecha: 18/DIC/2017