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Rafael Simón Hurtado, confesiones de un narrador incansable

"Siempre lo he dicho, llegué al periodismo a través de la literatura"

La narrativa y el periodismo son áreas conquistadas por Rafael Simón Hurtado. Su más reciente logro lo consiguió con el cuento "Las calladas maneras de Dios", que obtuvo una mención especial del II Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia. El creador de la sección Muestras sin Retoques es el protagonista de la edición digital publicada hoy

Daniela Chirinos

Tiempo Universitario
El cuento "Las calladas maneras de Dios" de Rafael Simón Hurtado obtuvo la mención especial del II Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia.
Fotógrafo: Gema Durán
 

El poeta Néstor Mendoza fue entrevistado por Rafael Simón Hurtado, en el primer cuatrimestre de 2016. El  propósito de ese encuentro era contar la historia de vida del joven carabobeño para ser publicada en el libro Nuevo país de las letras, de la colección Rostros del futuro de Banesco.  Poco más de un año después, los roles se han invertido. De nuevo, sentados frente a frente, conversan. Esta vez, le correspondió al narrador y periodista confesar sus andanzas literarias al compás de las preguntas que le hacía el otrora entrevistado.  


Vinimos a hablar de literatura y academia en el municipio universitario por excelencia, Naguanagua. Todo fue tomando forma como las piezas coincidentes de rompecabezas. El sitio acordado fue local tipo café que queda en el centro comercial donde está El Carabobeño, diario que sirvió de primera tribuna periodística cultural para Rafael Simón. A nuestras espaldas, dos murales del maestro Braulio Salazar –promotor incansable de las artes plásticas y la cultura carabobeña– recogían las palabras pronunciadas, como haciéndose eco el dicho: “las paredes también oyen”. Y un techo de nubes grises nos recordaba la Valencia que ha sido retratada por el narrador en sus libros: Todo el tiempo en la memoria (1996), Leyendas a pie de imagen. Croquis para una ciudad (2013) y Gente que hace escuela. Un país de personajes.


Dos de esos trabajos literarios lo acompañaban, uno es una recopilación de sus cuentos;  el otro,  una selección de sus columnas publicadas en el semanario Tiempo Universitario, donde aprendió y sumó la experiencia que lo llevó a fundar los suplementos Huella de Tinta, Laberinto de Papel, La Iguana de Tinta, A Ciencia Cierta y la revista Saberes Compartidos, con la que ganó el Premio Nacional de Periodismo 2008. Sí, el creador de la sección Muestras sin Retoques, que por décadas ocupó sin falta la página 6 de la versión impresa de Tiempo Universitario, es el protagonista de la edición digital publicada hoy.


La excusa para este encuentro fue hablar del cuento “Las calladas maneras de Dios”, merecedor de la mención especial del II Premio Anual de Cuento Salvador Garmendia. La conversación de 53 minutos dio para mucho más. A continuación, las revelaciones de Rafael Simón Hurtado, un hombre comprometido con la cultura, la narrativa, la literatura y el periodismo, que se expresa a viva voz y tono calmado, con la misma pasión con la que escribe y la pertinencia inequívoca de cada palabra.



Las calladas maneras de Dios

El punto de partida de “Las calladas maneras de Dios” es la abdicación del Papa Benedicto XVI. Por supuesto, en este cuento el Sumo Pontífice es un personaje de ficción, pero en vista de la trascendencia de la noticia –después de 600 años un Papa renuncia– le llevó a pensar qué pasó por la cabeza de aquel ser humano –con tan enorme responsabilidad–, para tomar esa decisión.  “Me valí de un mayordomo que se supone que conoce las intimidades del  Santo Padre”, a quien por cierto lo presenta al desnudo como a cualquier hombre.


El Papa no tiene nombre. El Mayordomo se llama Angelo Gabriele y es el narrador de la historia, en la que –advierte Rafael Simón– hay un juego con el silencio de Dios. Ese servidor también es cercano a los pensamientos del Santo Padre y ocultándose bajo el manto de la ética y la invisibilidad del servicio, tiene acceso a su vida privada y a las dudas en las que aquel hombre con tanto poder cayó y lo llevó a disminuir su capacidad como creyente, su fe.


Rafael Simón hace pausa y recuerda: “Son dos mil años de pecado, y ese hombre no sabe cómo cargar con ese peso”. Por eso –sigue describiendo al historia– “una mañana el Mayordomo lo consigue en una bañera, desnudo, en posición fetal como buscando volver al vientre materno, para resguardarse del mundo a través del silencio”.  


“Las calladas maneras de Dios” aparece en La arrogancia fantasma del escritor invisible, uno de relatos largos y cortos, todos de ficción, aunque tenía la intención en un primer momento de ser escritura breve, pero luego creció y al final combinó las dos extensiones. El libro está armado, solo espera por un editor.


Confesión I

Sí, tengo una fascinación por los temas religiosos, con la corrupción dentro de la iglesia, no termino de entender y asimilar cómo es posible que en un lugar donde se mueve la bondad y se promueve el encuentro se produzca tantos vicios, ese doble discurso. En mi libro Todo el tiempo en la memoria, que ganó el Premio de Literatura Ciudad de Valencia, hay un cuento llamado “Pájaro rojo”, que también es sobre un Papa y tiene como epígrafe esta frase de Giovanni de´ Mussi: “Verdaderamente no podemos servir a Dios y a Mammon al mismo tiempo, no podemos estar con un pie en el cielo y otro en la tierra”. Ahí está el meollo del asunto.


El punto de partida

Rafael Simón comenzó a escribir a los 17 años de edad, hoy tiene 59 y es periodista, aunque su primer intento de estudios de pregrado lo cursó en la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la Universidad de Carabobo (UC). Ahí, su cuento “Cuidado con los pueblos”, ganó el 2° lugar de un concurso convocado por la facultad y forma parte de una antología. “Siempre lo he dicho, yo llegué al periodismo a través de la literatura. ¿Cómo surgió esa vocación? Esa pregunta no me la he plateado, porque la vocación está ahí y uno lo que busca es darle salida”.


También hay unos antecedentes familiares. Iván Hurtado, cronista de la Universidad de Carabobo, es hermano de su papá, y él lo puso en contacto con varios libros. José Hurtado también es su tío, fue rector de la Universidad del Sur del Lago y director de la revista Universitas, la primera editada en la UC. Y con su abuelo comparte el placer de coleccionar publicaciones. Todo esto lo colocan en una suerte de tradición familiar vinculada con la escritura.


Confesión II

En mí siempre hubo una necesidad de comunicar el hecho creativo y el punto de partida formal de mi trayectoria como escritor fue la Universidad. Ahí conocí y compartí con gente maravillosa como el poeta Adhely Rivero, quien fue un estímulo en mi primera etapa como escritor; Orlando Chirinos y el personal de la Dirección de Cultura. También intenté escribir poesía alguna vez pero la cosa no se me dio, uno va descubriendo sus propios ritmos y posibilidades. Llegué a escribir un poemario, lo armé yo mismo y lo tengo en mi casa como algo muy personal.



Leer a Salvador Garmendia

A Salvador Garmendia lo reconoce como un gran escritor que habla de una Venezuela de la década de los 40, que todavía andaba a caballo buscando abrirse paso en la modernidad. Lo ubica justo en medio de lo que pudiera llamarse “escritura urbana” (dedicada a la ciudad) y la “rural”, por la naturalidad con la que describe situaciones y personajes, que parece devenir de esos cuentos que él escuchaba de niño en el campo.


Como ejemplo, describe el cuento de la señora que va en un taxi y hace que el chofer siga a un señor que va caminando en la calle y al final ella le confiesa que ese era su esposo quien había fallecido años atrás. También pone sobre el tapete la crónica que Garmendia publicó en El Nacional donde describe la experiencia de los campesinos adolescentes con las burras; él cuenta que no vivió eso pero sí con unas matas de cambur. “Él guardaba una relación con ese Barquisimeto cuasi rural y luego se traslada a una ciudad como Caracas, pero queda en una especie de limbo. Y hay mucho de eso en sus cuentos”.


Confesión III

Soy un gran lector de Salvador Garmendia.



Días de periodismo

Mientras estudiaba Derecho, siguió inscribiéndose en concursos literarios. En ese entonces no lo sabía, pero todo eso tenía una intensión periodística porque incluso participó en la publicación Hora de audiencia. Rafael Simón tendría 20 años. “Había una vocación en mí, yo lo que quería era escribir”. Más tarde trabajó en los diarios Notitarde y en El Carabobeño. Después empezó en Tiempo Universitario como corrector, cuando su director era José Manuel Hermoso.


Luego fue secretario de redacción, coordinador editorial y jefe de edición. Y lo reconoce: esa oportunidad de hacer sus propias publicaciones la consiguió en la Dirección de Medios y Publicaciones de la UC, donde trabajó por 10 años. Después entró al Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico donde creó la revista Saberes Compartidos. Otras de sus publicaciones fueron los suplementos Huella de Tinta, que tuvo una única edición.


Confesión IV

Un día le planteé al director de Tiempo Universitario (José Manuel Hermoso): a este semanario le falta una página cultural, necesita un espacio para la creación. Esa propuesta ya se la había hecho mucha gente y él estaba un poco renuente. “Si te doy la oportunidad a ti, me va a traer un problema”, me dijo. Pero yo insistí hasta que generosamente accedió. 14 de octubre de 1996, ese día se publicó  por primera vez Muestras sin Retoques, que estuvo dedicada a la exposición Cuerpoglifo de la fotógrafa Mayela Iribarren y el cintillo de la página es una imagen tomada por ella.  



Lo que viene

A estas alturas de su trayectoria, Rafael Simón asume los concursos literarios como una oportunidad de darle visibilidad a sus trabajos. Aunque aclara que después de unos cuantos años ejerciendo el periodismo, no es que esté regresando a la narrativa, porque nunca ha parado de escribir y lo que no hacía era publicar. En todo caso, ahora está buscando precisamente eso, darle visibilidad a su trabajo literario y lo está haciendo a través de los concursos. Lo tiene claro: “Como toda apuesta a veces se gana, a veces se pierde, pero sé lo que estoy haciendo”.


La escolaridad la concluyó con la maestría de Literatura Venezolana de la Universidad de Carabobo. Aún no ha presentado la tesis, pero adelanta que se trata de una propuesta de libros de ensayos sobre la obra del poeta José Joaquín Burgos, basado en los libros Piel de sueños, Coromotanía y Cansancio de orilla. También tiene lista una recopilación con las entrevistas que hizo en Tiempo Universitario, y un libro de cuentos breves llamado Cuentos leves.


Confesión V

Creo que he conseguido mi hilo de Ariadna. Ya di con lo que estaba buscando, todo lo que tenía escrito, que es bastante, he estado adaptándolo a ese descubrimiento que hice y tiene que ver con redes sociales. Es una novela llamada Fe de errata.

Fecha: 11/SEP/2017