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"El muro de Mandelshtam", un libro de alta factura gráfica y editorial

Los matices de la violencia: un poema de Igor Barreto

El poema "La fiesta de Jaiker" pertenece al más reciente libro del poeta Igor Barreto (San Fernando de Apure, 1952), titulado "El muro de Mandelshtam" (Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, Caracas, 2016). Esta propuesta, de gran elegancia y madurez expresiva, echa mano de diversos recursos formales para darle identidad a la ausencia física y a las despedidas, desde el dolor y la violencia

Igor Barreto

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El más reciente del poeta Igor Barreto se titula El muro de Mandelshtam, una propuesta de madurez expresiva
Fotógrafo: Cortesía de Carlos París
 

 

 

 

 

La fiesta de Jaiker

 

 

Durante su fiesta cada piedra
se convirtió en pan
y el agua de los grifos en licor añejo.
Eran veintiocho los años que cumplía
como dibujos rasgados por la luz
(incluso abstractos)
en una sala plena de invitados.
Nadie portaba armas bajo la ropa blanca.
Jaiker
tenía dos hermanas morenas
esposas de Antonio y Giuseppe
emigrados de il capo del Lago di Garda.
En la televisión ovacionaban
el noveno ining
de un partido de béisbol
mientras mis pensamientos se detenían
en la piel lisa y aquellos senos
como las frutas de un palacio.
Tuve deseos de ir a la ventana
del fondo
a contemplar las luces del ghetto:
oro y diamantes incrustados en la tierra.
Recordé nombres de lugares y destinos
que con tinta blanca podrían escribirse
sobre papel negro.
Entonces bajo la comba
de la noche sólida
levanté vuelo.
Fui un Dédalo latino
que había bebido tanto
hasta vomitar sobre los techos de zinc
y una escalera infinita
entorpecida por veredas
que cortaban su ascenso.
Abajo el mundo se dividía en paredes,
unas frente a otras, formando habitaciones
o espacios destechados.
De nuevo vi la cancha de básquet
donde mataron de un balazo
al hermano de Alcides,
el sitio donde cayó sin auxilio
el padre de Alejandro
con el ataque de hemiplejia,
la azotea
donde Dorelis destendía una sábana blanca
como si fuese a salir volando.
Vi también el cuarto cerrado
que perteneció a Mandelshtam,
allí
enflaqueció tanto
y tan rápido
como una pastilla de jabón
en forma de hombrecito
que al lavarse las manos se gastaba su vida.
Vomité con amor por el todo y sobre el todo.
Eran recuerdos fragmentarios
y entre ellos
vacíos imposibles de reconstruir.
Luego,
volví a las voces de la fiesta
donde fui testigo de la entrada
de un forastero silencioso
y de pronto
la detonación, el candelazo
y los rostros mudos
posando para un cuadro de gran formato.
… … … … … … … …
La cólera sin razón –explotó–
sobre la única pareja que bailaba.
El dorso de Jaiker se sostenía inclinado
sensualmente hacia la dama
cuando la bala atravesó
los muros de ambos corazones.
Siempre hay un momento en que la fiesta
se autodestruye,
entonces, alguien gritó:
¡Los confundieron! ¡los confundieron!
porque ellos eran en realidad «otros»:
eran honrados difuntos de cartón
con una falta evidente de atributos.
Los invitados huimos
para evitar preguntas.
Total, en el ghetto de Ojo de Agua
el inocente es un ser invisible:
el que no fue visto, el que no estuvo.
Mientras el asesino
en alguna calleja
festejaba
aquel prodigio de matar a dos
de un solitario disparo.
Miren…………….//…………….qué casualidad
y qué calamidad a un mismo tiempo.

 

 

Fecha: 07/AGO/2017


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