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Trabajan para convertir las hojas en alimento para su colonia

Humanos imitan a los bachacos en la lucha por la supervivencia

Esta ha sido una conducta constante de personas que han asumido como oficio la compra y reventa de productos básicos para la población en general

Antonella Fischietto M.

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El bachaco hormiga del género Atta, que corta hojas, está presente en diversos países de América Latina.
Fotógrafo: Gema Durán
 

Deshojar árboles y transportar el material hasta una cueva subterránea para que se transforme en hongo, del cual se alimentarán, es el trabajo constante de los bachacos, una actividad imitada por otras especies animales, pero que tiene una característica sobresaliente cuando es realizada por humanos.

El trabajo organizado es el signo fundamental de esta forma de supervivencia en el planeta, tanto para los bachacos que ayudan a su colonia como para los humanos que lo asumen como un oficio más. Los bachacos hormiga pueden acabar con un jardín completo; los bachacos humanos pueden dejar casi vacío un supermercado sin importarles que otras personas no coman.

El bachaco hormiga del género Atta, que corta hojas, está presente en diversos países de América Latina y se le conoce comúnmente con diversos nombres. En México, lo llaman zompopo; en Ecuador, arriera; y bibijagua, en Cuba. En Venezuela se le conoce como bachaco, pero este nombre adquiere una connotación cuando se refiere a personas que compran mercancía (alimentos básicos y productos de higiene, principalmente) hasta agotarse y la revenden con sobreprecio.

Este reportaje no persigue abordar el tema desde una perspectiva social ni económica, sino aproximarse a una visión ecológica, es decir, de cómo trabajan estos insectos y que los humanos imitan por motivo de supervivencia.

Al margen de la realidad socioeconómica que se ha vivido en Venezuela en el transcurso del año 2015, la vida de los bachacos es asombrosa por su capacidad organizativa y laboriosa.

 

Movilización masiva

Los bachacos hormiga acuden en masa a podar hojas y flores para su posterior traslado a la cueva, el humano procura ir en grupo a las tiendas a ver qué encuentra y para ello contrata vehículos: camionetas, buses y motos. De modo que, en ambos seres, la movilización es masiva.

Bachacos y humanos cuentan con sistemas de comunicación que les permiten mejorar su desempeño. En el caso de los bachacos, su forma de comunicarse es puramente química, aunque también sonora y visual; en los humanos, es cuestión de tecnología, en el que el teléfono celular sirve para avisar a sus semejantes a integrarse a las colas sin respetar, muchas veces, el turno de los demás.

El bachaqueo en Venezuela era, hasta el año 2014, una práctica propia de buhoneros que mercadeaban productos agrícolas de las regiones andina y zuliana y zonas costeras, como medio de supervivencia que ponía en movimiento las economías locales. Hoy día constituye una actividad económica que tiene impacto en la vida de los habitantes, en el mundo de los negocios y en las políticas públicas.

Los bachacos hormiga podan plantas hasta deshojarlas completamente. Los bachacos humanos compran mercancía subsidiada o de bajo costo hasta que se agote. El material vegetal que los bachacos hormiga transportan hasta la cueva nutre un jardín de hongo bajo tierra, el cual es su fuente de alimentación. Los bachacos humanos almacenan toda la mercancía adquirida y la revendan a un precio mucho mayor.

 

Clasificación del trabajo

En su manuscrito sobre la ecología de los bachacos presentado con el título Sobre bachacos y otras hormigas (en Acta Biol., Vol. 25(1-2):67-70 enero-diciembre, 2005, Aragua), Cedeño trata de clasificarlas en cortadoras, excavadoras y jardineras, y en un trabajo de arqueólogos, como el autor señala, se fue despejando el terreno hasta encontrar la cámara con el hongo y la galería para estudiar la población que vivía en ese hábitat.

Con base en esa experiencia con sus estudiantes, refiere que “los nidos de Atta laevigata comienzan con una cámara pequeña cerrada al exterior que contiene a la reina, luego las primeras obreras abren la galería hacia el exterior”.

Explica que la primera camada está compuesta por obreras de varias clases de tamaño, la mayoría perteneciente a las castas excavadora y forrajera.

Este espectro de tamaño hace posible “la realización de las tareas indispensables para el bachaco, que son el cultivo del hongo y la cosecha y el procesamiento de la vegetación que ha de servirle como sustrato”.

“Al avanzar en edad van desarrollándose nuevas cámaras más profundas donde mantienen a los juveniles y la primera cámara es entonces agrandada y en ella incorporan más hojas con lo que el hongo que se desarrolla es mucho más grande”, precisa el investigador.

Según Cedeño, la reina (hembra fértil) es llevada hasta las cámaras grandes una vez que la honguera ha madurado y allí deja la siguiente camada de huevos que son cuidados por adultas especializadas.

Fecha: 18/DIC/2015