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Provocan efectos perversos en muchos lugares del planeta

Alimentos transgénicos ya están en la mesa del venezolano

Muchos consumidores podrían estar consumiendo sin saberlo frutas y vegetales modificados genéticamente, cuyo daño a la salud y a la naturaleza puede ser imprevisible

Antonella Fischietto M.

Tiempo Universitario
Cambures sin semilla que se venden en mercados venezolanos confirman que nuestra  población ya está consumiendo alimentos transgénicos.
Fotógrafo:  Gema Durán
 

Dentro de una fruta o vegetal de aspecto muy agradable que vemos en el mercado hay una poderosa industria química que transforma el alimento en producto tecnológico para su consumo masivo sin tener certeza de sus consecuencias.

Para muchos consumidores en Venezuela, parece una rutina comprar frutas y vegetales y llevarlas a la casa. Lo que muchas personas desconocen es que pueden estar consumiendo alimentos transgénicos. 

A simple vista, las frutas y vegetales obtenidos mediante modificación genética constituyen un logro de científicos y productores y que, gracias al comercio, se pueden comprar en el mercado.

Los alimentos transgénicos son productos modificados mediante procesos de la ingeniería genética, que agiliza el proceso de selección y da origen a nuevas especies. Algunas ventajas que promueven de estos productos son: alimentos con mejores y más cantidad de nutrientes.

Con los transgénicos surgen dudas acerca del consumo seguro para nuestra salud y la conservación de la biodiversidad. Han sido identificadas como desventajas: incremento de sustancias tóxicas en el ambiente, pérdida de la biodiversidad, contaminación del suelo, resistencia de los insectos, además de hierbas indeseadas ante medicamentos desarrollados para su contención; posibles intoxicaciones debido a alergias o intolerancia a los alimentos procesados; y daños irreversibles e imprevisibles a plantas y animales tratados.

El uso de semillas transgénicas puede significar la pérdida de soberanía alimentaria de los países que permiten su entrada, además de un fuerte encarecimiento de las semillas para realizar nuevos cultivos.

 

Maíz transgénico en Venezuela

 

En su trabajo de investigación “Detección e identificación de eventos asociados a organismos vivos modificados en semillas de maíz (Zea mays L.) en Venezuela, empleando métodos de inmunoensayo y análisis por PCR”, Luis Díaz e Iván Galindo intentaron detectar  eventos  asociados  a  organismos  vivos  modificados  (OVM)  en  semillas  comerciales  de  maíz en  Venezuela.

Para ello  realizaron  un  muestreo  del  70 por ciento  de  cultivares  de  maíz  sembrados  en  2011,  indicados  en  la  lista  de cultivares  elegibles  del  Servicio  Nacional  de  Semillas,  constituido  por  doce  cultivares  comerciales  y  dos  cultivares empleados por pequeños agricultores del país.

Conviene recordar que el maíz es un alimento básico en diversos países, incluido Venezuela, donde la especie que fue objeto de estudio es empleada mayormente para la producción de harina precocida, con la cual se elaboran las arepas.

Con  esta  investigación, según Díaz y Galindo, “se  establece  por  primera vez  el  uso  de  OVM  en  semillas  comerciales  de  maíz en  Venezuela,  por  lo  que  se  sugiere  a  las  autoridades  respectivas  sincerar  la  situación  nacional,  mediante  la  aplicación  de  las  leyes  en  la  materia  o  actualizando la  posición  nacional  en  cuanto  al  uso  de  las  nuevas tecnologías en la agricultura”.

Específicamente lograron la detección del P35S, Tnos y Pat en  una  de  las  muestras  comerciales,  “lo  que  condujo a  la  detección  del  evento  de  transformación  DAS-Ø15Ø7-1  asociado  con  la  resistencia  a  herbicida  y tolerancia a insectos lepidópteros”.

 

Frutas sin semillas

En el portal www.porquebiotecnologia.com se señala que la reproducción asexual o clonación en las plantas existe hace miles de años, tanto para la agricultura como floricultura.

En este sitio se advierte que “en la actualidad, una gran cantidad de plantas de valor comercial, como las bananas, uvas y naranjas sin semilla, entre muchas otras, han perdido la capacidad de producir semillas y deben ser propagadas por procesos de reproducción asexual”.

La obtención de una planta transgénica mediante técnicas de ingeniería genética depende de la introducción de ADN foráneo en su genoma que determina la manifestación de un nuevo rasgo de interés.

El avance de la ingeniería genética vegetal se debió principalmente al desarrollo de dos importantes técnicas durante la década de los 80: regeneración de plantas completas y fértiles a partir de cultivos de células o tejidos in vitro; e introducción de ADN foráneo en la planta.

Mediante estas técnicas se han podido regenerar casi todas las plantas de interés agrícola: cereales, leguminosas, hierbas forrajeras, caña de azúcar, papaya, plátano, y de aquí la importancia del cultivo in vitro como paso fundamental para la obtención y regeneración de plantas genéticamente modificadas.

Terrorismo biológico

Desde un punto de vista crítico, “la locura de las semillas transgénicas” llega a considerarse terrorismo biológico. En su blog Josep Pámies, una opinión silvestre, su autor lanza una serie de advertencias sobre las semillas transgénicas y alerta del desastre ecológico que han provocado al contaminar “miles de especies y variedades vegetales que los agricultores desde siempre nos podíamos auto reproducir sin coste”. Esta situación, según manifiesta,  “está provocando efectos perversos en muchos lugares del planeta”.

Dice que uno de los más graves está sucediendo en la India, “dónde cada año se suicidan unos 20.000 agricultores, al comprobar desesperados el engaño de las semillas transgénicas”.

De acuerdo con su versión, estos agricultores se dan cuentan de pronto que no hacen ni el dinero suficiente para pagar semillas transgénicas de arroz y algodón y que, además, han perdido todas las semillas autóctonas del cereal que tenía sin costo alguno y que podían utilizar cuantas veces quería para alimentar a sus familias.

Pámies menciona que hay una infinidad de estudios científicos imparciales que piden que se deje de introducir alimentos modificados genéticamente en la cadena alimentaria.

Explica, por ejemplo, que, en experimentos de laboratorio, alimentando ratas con soja, maíz, papas y otros productos transgénicos, resultan con afectaciones graves su hígado, páncreas y riñones, alteran su sistema inmunológico y disminuyen su fertilidad.

Asimismo, refiere el empleo de la técnica Trug (Tecnología de restricción del uso genético), que popularmente se le dice "Terminator", el cual  hará posible “semillas suicidas”, es decir, programadas para nacer una sola vez y haciendo que su descendencia sea estéril, con lo cual se impide al agricultor volver a sembrarlas sin pagar nada. Esto se considera terrorismo biológico.

 

 

 

Fecha: 14/DIC/2015