extender los pasos La Universidad
constituye un órgano, el más alto entre las instituciones educativas. A este peldaño llega el estudiante luego de haber sido educado en la posibilidad de sus energías físicas, intelectuales y
morales. Aquí adquiere los hábitos de trabajo y de estudio que le permitirán comprender su realidad. Y confluyen las sensibilidades culturales, sociales y políticas, que hacen de él, un individuo apto
para imaginar, planificar y realizar la vida en el universo. Es el hombre, en ejercicio de su capacidad creadora y realizadora.Y es a partir de este momento que el paralelismo entre lo
individual y lo colectivo de la universidad, se manifiesta en una labor de extensión. El universitario, y, por ende, la institución, se convierte en una figura que estimula y multiplica su configuración
productiva, como un profesional que puede y debe desempeñar un papel en la promoción del hombre en lo individual y en lo social. Desde la Universidad, como casa, escuela o refugio, y con el
universitario como maestro, médico o ductor. Desde ese recinto, dentro o fuera de sus muros, la universidad y el universitario deben saber descubrir e impulsar las más sabias combinaciones de fuerzas: en las
artes, en las letras, en las disciplinas jurídicas o económicas, en las ingenierías, en las ciencias básicas, en las ciencias de la salud, en las ciencias sociales, para llevar el fruto de su compromiso con
método científico y sensibilidad social. En esta coyuntura la universidad no es únicamente aula, también es hogar, regazo, que brinda una herramienta, un conocimiento, una idea, una creación, una técnica, un invento, un descubrimiento, con el que se
aclaran y determinan las potencialidades y los esfuerzos; recursos que empleados con inteligencia, amplían el pequeño y primer paso de todo ser humano hacia su propia realización. (Foto: Orlando Baquero)
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