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Valencia, 16 de Julio de 2000. Cuarta Etapa - Año VII. Nº 30.    www.tiempo.uc.edu.ve

Al momento de dejar inauguradas las modernas instalaciones del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias y Tecnología del Alma Máter, con apenas siete años de fundada, para lograr ambientes cónsonos que permitan a estudiantes y docentes el rector Ricardo Maldonado González hizo el anuncio de las salas de Telemática de libre acceso a las bases de información del globo terráqueo.

Se hizo un importante contacto, además, con un grupo del gobierno chino dispuesto a financiar un proyecto de 60 millones de dólares, conjuntamente con el gobierno nacional, en donde Facyt podría obtener importantes recursos para sus planes futuros.

La alegría de los jóvenes por estos importantes espacios conquistados se unió al júbilo del vicerrector académico, Miguel Vegas Castejón, primer decano de Facyt y de su actual decana, María Luisa Martín de Armando, quienes junto a la profesora Francisca Grimón trabajaron mancomunadamente a la Dirección de Plata Física para este estreno.

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"El apego es el enemigo"

Así dice el poeta Rafael Cadenas, y dice muy bien.
Implacable, el apego nos persigue a todas horas, bajo múltiples disfraces y hasta los más lejanos rincones.
Súbito, aparece transmutado en las mil caras de la memoria, en presencias que asisten sin ser nombradas y se repiten como los miedos de la niñez.
Era el tiempo en que la infancia y la escuela eran la misma casa, adonde llegábamos para desprendernos de las tareas y de tanta  cifra lanzada al viento.
En aquellos días, la lluvia era la nostalgia, la mirada ausente y sita en un punto remoto, donde moraban las razones del pálpito y la esperanza.
Entonces, se asistía a la novedad del mundo, que se abría luminoso en forma de gotas deslizándose por las mismas ranuras por donde corrían los deseos de la aventura, porque la lluvia nos detenía irremediables en nuestras casas y no lográbamos comprender cómo salir de vacaciones y empezar a llover eran una misma cosa. Éramos islas en medio del  desvelo.
El cuerpo sosegaba, pero la mente emulaba a la muchacha de San Juan de la Cruz, que en la noche sale cálida y descalza hacia el Amado, en pos del éxtasis místico.
Así, el anhelo de la infancia vuela tras el episodio prometido en los días escolares, cuando el ánimo pugnaba por el mar, la montaña o el mismo río que se renueva, ése del que la filosofía dice que sus aguas no son las mismas que hace un rato nos bañaron.
El apego abre sus fauces para morder con sus noticias o sus vislumbres, que acuden con los primeros atisbos de la adolescencia y se dilatan hasta la madurez, cuando sucumbimos ante el pesado fardo de la realidad.
Sin embargo, la tristeza suele darnos un descanso y su frío deja de ser filo que hiere, para trocarse en capa impenetrable que protege de olvidos y renuncias, mientras por dentro crecen las ganas de apoderarse de cuanto aire pasa por los relojes, que es a lo que llamamos vida.
Caminamos por una ruta claramente señalada por las metas, iluminada no por designios sino por el esfuerzo, la razón y el estudio de hombres y mujeres que escuchan las promesas pero miran los propósitos. (Foto: Orlando Baquero)

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