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Valencia, 16 de Julio de 2000. Cuarta Etapa - Año VII. Nº 30.    www.tiempo.uc.edu.ve

Mariano Picón Salas,
Educador - Historiador Latinoamericano

Luis Rubilar Solis

Sobre Educación y Cultura en Venezuela y América Latina

Generalmente, al tratar estos temas, a pesar de la intención autonomista, nuestro acervo teórico se nutre y discurre desde modos y esquemas foráneos, olvidando la presencia y vigencia de lo propio, especialmente de aquéllos quienes nos precedieron en la preocupación identitaria social e hicieron lo suyo en pro de sus ideales latinoamericanistas.

Esto es dramáticamente cierto en este tiempo de comienzo secular en que los dictámenes emanados del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional son los que pautan y orientan, con sus mercantiles criterios, las prácticas sociales, tanto culturales como comunicacionales en nuestros países. Y, por supuesto, las "reformas educativas, con vistas al siglo XXI", implantadas hegemónica y obsecuentemente por los gobiernos nacionales.

Incluso, para algunos tecnócratas y retransmisores de lo microscópico y funcional "pedagógico", y para otros arropados en la globalización o en el postmodernismo, resulta anacrónico, inconveniente, cuando no vergonzoso, aludir a los aportes de nuestros propios pensadores, educadores e historiadores, quienes han insistido en superar nuestra realidad educativa y cultural. Muchos conceptos importados, tales como multiculturalismo, estudios culturales, postcolonialismo, historia oral, biodiversidad, y tantos otros, han sido ya tratados con afincamiento en la propia realidad latinoamericana, desde el propio Bolívar; pero se prefiere "pensar, leer y soñar en inglés", a beber primero de las propias fuentes que han venido nutriendo nuestro imaginario colectivo.

Por nuestra parte, plantearnos como tarea prioritaria, en lo nacional y regional amerindiano, el rescate y revalorización de sus postulados para, desde ellos, actualizándolos, proseguir su sinérgica empresa macrosocial y proyectar el destino de sus mensajes, la mayoría de ellos con plena vigencia histórico-cultural. Como un caso paradigmático de lo antedicho, queremos destacar en esta presentación el nombre y la producción de un venezolano, educador por excelencia y fundador de fundaciones culturales, amén de su condición de escritor e historiador latinoamericano: Don Mariano Federico Picón Salas (1901- 1965).

EL PERSONAJE Y SU FORMACIÓN VENEZOLANO-CHILENA

Luego de completar los niveles primario y secundario en su Mérida natal, arropado por la centenaria Universidad de Los Andes, MPS viaja a Caracas para estudiar Derecho (UCV); pero motivos políticos y económicos determinan que deba emigrar de su país, y vivir un largo exilio (1923 - 1936) en Chile, donde "porque llegué tan joven, se acabó de formar el hombre (1962: 1.389). Trabajó en el Instituto Nacional (inspector) y en la Biblioteca Nacional (con la ayuda solidaria de don Eduardo Barrios), mientras paralelamente estudiaba Historia en el Instituto Pedagógico (1924/1928, U. de Chile, obteniendo con distinción el título de Profesor de Estado). Don Mariano se forja y ejerce como docente-investigador en la misma "escuela" de Historia a la que pertenecieran el maestro Luis Galdames y el destacado intelectual costarricense Carlos Monge Alfaro.

De su motivación por la carrera docente nos cuenta:

"La idea de estudiar Pedagogía en Historia acaso enrumbaba por un camino útil mi nostalgia de desposeído, o convertía mi insuficiencia en deseo de servir a los demás, no sólo a través de una obra literaria presuntuosa o narcisística, sino como modesta tarea del que se pone a dialogar con un gran grupo de muchachos y a comunicarles lo que aprendió... Era llegar más allá en el oficio de escritor, porque nada tiene tanta fuerza carismática como la palabra o el ejemplo directo... Tanto como escribir he amado mi profesión de maestro... Me dio una felicidad que nunca observé en tanto turbados poderosos que ignoraban qué hacer con su hastío... Aquella profesión parecía, además, un propósito para servir a mi tierra cuando pudiera regresar..." (1983: 576)

Esta confesión es importante para comprender los roles y producciones que en el campo educativo y cultural le cupo desempeñar y gestar a don Mariano. Aquí reivindica el vapuleado rol docente en nuestras sociedades, y no sólo se identifica como profesor gratificado y gratificante sino, además, deja clara su querencia por la patria venezolana, y su percepción de la andadura chilena como "errancia" (...)

De aquellos tiempos anarquistas, ligados a la fundación del Partido Socialista de Chile (Revista "Índice"), el de Salvador Allende y Ricardo Lagos, ha quedado un catastro mnémico que muchos chilenos han desplegado en homenajes y redibujado en escritos (desde ciudad de México hasta Concepción). El perfil más completo fue realizado por Guillermo Feliú Cruz, su maestro y biógrafo (1970). Pero, tal vez, en lo real y en lo semiótico, lo más significativo durante aquella etapa haya sido su contacto con Pablo Neruda: "En la Federación de Estudiantes y en el Instituto Pedagógico encontré muchachos de las más variadas patrias americanas y me llevaron a contarles la tragedia de Venezuela... y allí vi y oí por primera vez a un joven largo, de descoyuntados pasos y de voz melancólica, que se llamaba Pablo Neruda" (1962: 1392). Y el chileno rememoró y dejó inscrito el nombre del venezolano en su universo poético: "A Venezuela amé, pero no estaba/... llamé y llamé, no respondía nadie,/ no respondió la patria sumergida/... sin encontrarla me pasé los días / hasta que Picón Salas de Caracas/ llegó a explicarme lo que sucedía" (1960: 43).

El Retorno y sus Producciones

Cumplidos recién sus 35 años, recién reinserto en Caracas, Picón Salas es designado Superintendente de Educación y, bajo el Ministerio de don Rómulo Gallegos, solicita –siguiendo el cauce de Costa Rica, en 1935– y obtiene la contratación de una Misión Pedagógica chilena (la cual se renovaría en 1938) y, casi paralelamente, funda el Instituto Pedagógico Nacional (aprobado por Decreto de 30-IX-1936). A pesar de las acérrimas y ácidas críticas tildándolo de "chilenizante" o "socializante", el instituto echa a andar, y ahorita ya ha cumplido 64 años, en su tarea formadora de docentes, con más de 16.000 egresados de  todo el país.

Conflictos políticos lo aventarán nuevamente, esta vez hacia Europa, y luego nuevamente al cono Sur (Argentina y Chile), hasta que su amigo Caracciolo Parra León, entonces Ministro de Educación, lo convence para asumir la Dirección de Cultura y Bellas Artes, desde la cual funda y dirige la prestigiosa Revista Nacional de Cultura (1938). En ella escribe sus propios aportes, tanto en las sucesivas editoriales llamando a retomar la conciencia unitaria nacional y a acrecentar la Cultura, como sesudos y entusiastas artículos, plenos de "saber pedagógico".

Al compás de los altibajos antitéticos de la política, (des)viviendo su "nomadismo" a través de viajes y exilios, su patria lo nombra y lo honra, no sólo ostentó cargos y funciones públicas para su patria; fue, sin duda, uno de los escritores que mejor la expresó. Por ejemplo, así describe ese peculiar rasgo igualitario ("tuteo") que connota su carácter social: "Psicológicamente, al menos, el venezolano ha logrado –como pocos– una homogeneidad democrática" (1962: 206).

Entre los muchos juicios que se han predicado sobre don Mariano, recogemos como muestra sólo uno de ellos, el de Guillermo Sucre, encargado de la edición de sus obras en Editorial Biblioteca Ayacucho: "Ha sido el más grande fundador de empresas culturales realmente valiosas en Venezuela".

EL IDEARIO PEDAGÓGICO

Las vicisitudes de la "aventura venezolana" no sólo marcaron una sólida impronta "democratista" expresa en su obra literaria sino, muy fuertemente, en su pensamiento educativo. Si bien toda su producción y acciones fueron, de suyo, aleccionadoras, con intención comunicativa y axiológica (de aquí, el "ensayo"), con profundo amor venezolanista y compromiso latinoamericano, una buena parte de ellas se refirieron y centraron específicamente en el campo educacional. La Educación fue siempre para MPS el problema prioritario para nuestras naciones y, en particular, para su Venezuela.

Tras la "catalepsia histórica", durante las décadas de Gómez, "el gran caimán", entendió, como ninguno, que era necesario afianzar cuanti y cualitativamente la educación formal e informal y la cultura popular, deber para con un pueblo acreedor, no sólo para lograr la necesaria productividad económica sino, fundamentalmente, la aún más necesaria mentalidad democrática, tras tantos años de "cesarismo". Concebía la democracia como un "problema de cultura colectiva" (...)

Sus postulados respecto a la Educación recogen legados anteriores y se proyectan en una escala de práctica social: privilegian su sentido histórico-social y axiológico, o sea, político, y ya no meramente instruccional, tecnocrático o retórico (como plantea hoy Humberto Maturana, 1995); preconizan su necesario afincamiento como motivación psicosocial y acto intencional, tanto personal como grupal, y ya no repetición o adopción acrítica de esquemas externos (en sentido "freiriano", 1997); afirman su trascendencia humanista, en tanto forma hombres creativos e integrales, y no mecánicos consumidores en la inmanencia individualista y telemáquica (de acuerdo a lo planteado por Manuel Castells, 1998).

Hay mucho más en la producción de M.P.S., valioso y válido para afrontar los desafíos de la Educación actual en "Nuestra América" (José Martí, 1891), con diacrónica y dramática vigencia. Su preclaro y realista diagnóstico respecto a la América Latina, varias décadas mediante, continúa sin tratamiento ni pronóstico: "Sobre el contraste muy hispanoamericano de tremendas desigualdades de riqueza y miseria, de cultura e ignorancia, corre nuestro desnivel social (Suma de Venezuela , 1966: 78). Porque don Mariano Picón Salas, a la vez heredero, albacea y comunicador de lo nuestro, es tarea inconclusa y "ensayo inacabado" (J.M. Siso Martínez, 1971), debemos ir a su rescate para abonar las raíces propias y diferenciales sobre las cuales puedan construirse proyectos educativos nacionales y de la Región.

Más en profundidad, véase su aporte para la "comprensión" de Venezuela y del "misterio" de América, en su consagrada De la Conquista a la Independencia (1944), en la cual recurre al "hondón de la historia". Su concepción de la Historia recogiendo la categoría "totalidad" y el criterio "interdisciplinario", exigiendo "originalidad" y no mera copia de lo europeo (como predicaba y actuaba don Simón Rodríguez), y proponiendo la superación del "positivismo", significó un hito crítico para la historiografía venezolana; a la vez, también, un soporte para echar las bases para un proyecto educativo alternativo, social-humanista y popular, en el cual se inscribiera con la letra y con la acción de quien ejerce "esa primordial profesión de llamarse venezolano". Trascendiendo lo instruccional o tecnológico su discurso pedagógico apunta y urge al cumplimiento esencial de (re)construir las identidades nacionales y la regional, en función de valores democráticos y humanistas: "La idea ecuménica indoamericana, que ya para nosotros no es sueño de visionario, sino la única posibilidad de vivir".

Mariano Picón Salas, como otros connotados hombres-sillares de la mansión cultural latinoamericana nos lega un patrimonio de pertinencia y pertenencia acoplado a lo nuestro, no ajeno, legitimado por el idioma e historia comunes y, por tanto, resulta justo y necesario advocarlo(s) en el momento de repensar y planificar caminos innovadores, autónomos e integrados para la Educación y la cultura en esta América morena. Caminos que, asimilando críticamente lo exógeno, no lo extrapole imitativamente ni desvalorice lo propio y sus milenarias raíces.

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